Davisa
Contacto

Mi historia: de firmar mi primera promoción con 21 años a cofundar Davisa

Isabel Arruebo, cofundadora de Davisa, cuenta en primera persona cómo pasó de dirigir promociones de viviendas a construir dvproject: la historia detrás del software.

5 min
Isabel Arruebo, cofundadora de Davisa Informática, promotora y constructora durante más de dos décadas

Me llamo Isabel Arruebo y soy cofundadora de Davisa. Antes de dedicarme al software pasé más de veinte años entre obras y promociones de viviendas: primero en la constructora de mi padre, después al frente de la mía. Esta es la historia que conté en el podcast que tienes aquí abajo — la de cómo una promotora acabó fabricando el software con el que hoy se gestionan obras, y por qué dvproject no se parece a un programa hecho en un despacho.

El podcast completo

La primera promoción, con 21 años

Un día mi padre entró en mi despacho y me dijo: “Mira, he comprado estas dos parcelas. Vamos a construir dos promociones de viviendas. Y tú vas a encargarte de todo”.

Recuerdo la sensación de ahogo, de vértigo… y también una fuerza que no sé de dónde salía. Llamaba a Alfredo, el arquitecto, y le decía: “Estoy agobiada, no sé por dónde empezar”. Pero mientras me daba pautas, algo dentro de mí reaccionaba. Le corregía. Sabía lo que había que hacer sin saber por qué. Y cuando seguía mi intuición, las cosas salían bien.

Me habían educado para no achantarme, y aquello lo puso a prueba desde el primer día.

La calculadora y los ladrillos

Sé cómo me veían entonces: una mujer joven, delgadita, poca cosa. “La hija del jefe a la que habían dejado la calculadora”. Aquello me daba todavía más coraje.

Así que tomé una determinación: ir a obra y aprenderlo todo a conciencia. Por la mañana, oficina — gestiones y dirección. Por la tarde, marcha a obra: a limpiar, a cortar ladrillos, a enlechar alicatados. Lo que tocara.

El respeto llegó enseguida. Y con él, una lección que tardé años en digerir: en las empresas hay dos tipos de personas, las que tiran del carro y las que van encima. Si eres de las que tiran, tienes que aprender cuándo parar — porque cuando demuestras que puedes con todo, es fácil que te cargues con más de lo que deberías.

Así nació dvproject: por pura supervivencia

En aquella época, el trabajo me absorbía hasta quedarme en la oficina a altas horas para poder cumplir con todo. Quien hoy es mi marido venía a buscarme… y terminaba ayudándome a cerrar tareas.

De aquella necesidad de salir de allí nació nuestra primera idea de automatizar procesos. Empezamos a digitalizar por pura supervivencia y, sin saberlo, estábamos creando lo que hoy es dvproject. Por eso el software de Davisa no se parece a uno pensado en un despacho: cada pantalla existe porque alguien la necesitó de verdad una noche de cierre.

La partida de Monopoly que cerró una compra

Con los años llegó el momento de separarme de la empresa familiar, y decidí ponerme a prueba de verdad: quedarme sola al frente de una constructora. Se lo conté a mi marido — sabía que era una locura, pero necesitaba hacerlo — y le pedí su apoyo.

Aproveché el momento de la crisis de 2008, con los valores a la baja, para plantear la compra de ARRUEBO. La táctica de negociación la ensayé donde se ensayan las cosas serias: con una partida de Monopoly en una comida familiar. Funcionó.

Después vino lo difícil: reubicar clientes de una promoción a otra para soltar lastre, negociar con los bancos, volver a la obra cuando mis jefes de obra no estaban a la altura, e inventar informes dentro de dvproject para demostrar a mis clientes que sabía lo que necesitaban. Fue la etapa más dura de mi vida, y de la que jamás me he arrepentido.

Puedo decirlo con orgullo: aun en los momentos más difíciles, jamás perdí dinero en una obra.

”Si hubiera” es palabra de cobardes

Es la palabra que más odio. Creo que es una palabra de cobardes.

Siempre he dicho que, cuando sea mayor, quiero poder contarles a mis nietos que en esta vida hice todo lo que quise hacer. Dicen que de la necesidad nace la astucia — y es verdad, pero no solo eso: también nace la energía, la creatividad y, en definitiva, lo mejor de ti. El mensaje, si escuchas el podcast, es ese: hay que atreverse.

Las botas al contenedor

El final llegó sin avisar. Un día, mientras medía una zanja con el arquitecto, sentí indiferencia. En ese momento supe que había llegado el final de una etapa. Lloré muchas veces, pero la decisión estaba tomada.

Para asegurarme de no volver, saqué mis viejas botas y mi casco — llenos de recuerdos — y los tiré al contenedor. Era la única forma de garantizar que mi dignidad no me permitiría regresar.

Y aun así, lo reconozco: llevo el sector en las venas.

Y entonces, Davisa

Mi entrada en Davisa fue casi por casualidad. Le dije a David que no tenía intención de quedarme — solo pensaba arreglar algunas cosas e irme. Incluso me prometí a mí misma no volver a enamorarme de la actividad.

Pero entendí que, si no me dejaba llevar, trabajaría solo por dinero, y eso no me llena. Soy una mujer que necesita sentirse viva y útil. Así que aquí estoy: ¡a muerte con Davisa! Y de alguna manera, también he hecho que mis hijos formen parte de todo esto.

Hoy mi obra es otra: que cada promotora y cada constructora que entra en el blog de construcción o implanta dvproject se encuentre un software hecho por alguien que ha estado de su lado de la mesa. Del lado del que arriesga.

¿Quieres saber cómo se traduce todo esto en tu obra? Habla con nosotros — o escucha primero el podcast, que ahí está casi todo.

¿Quieres ver dvproject en acción?

Míralo funcionando: un consultor de proyectos te muestra cómo dvproject controla costes, certificaciones y obra desde Business Central, en construcción, promoción y servicios.

Escríbenos por WhatsApp